Martín Collao tiene 14 años y hoy es el encargado de sostener a su familia en plena pandemia del coronavirus. El joven, que sueña con ser chef profesional, venía desde hace varios años vendiendo plantas. Lo que comenzó como una forma de ayudar a su madre, María Álvarez, y de ganar dinero para pagarse algunos gustos, terminó por convertirse en su manera de subsistir, ya que el contexto actual complicó aún más la economía de su hogar. Ahora trabaja en su huerto urbano, que construyó con materiales reciclables, donde día a día cuida de sus pequeñas plantaciones. Además, tanto él como su madre y su hermano viven de ese negocio y de la pequeña pensión que recibe su abuela, quien también vive con ellos.

Una historia de superación 

Pero su historia no ha sido fácil: Martín vive en un barrio muy humilde en Chile, va al colegio y tiene no solo un huerto urbano sino varios emprendimientos: cría gallinas ponedoras de huevos, prepara pastelitos que vende en un kiosco ambulante y siempre busca la manera de generar algunos pesos más. Antes, él mismo vendía sus productos desde un carro en la localidad costera de El Tabo, en Valparaíso, pero con la pandemia las cosas cambiaron y, por eso creó una cuenta de Instagram llamada Plantas El Tabo. Sin embargo, un accidente con su teléfono -según cuenta, se le cayó y se partió- hizo que tuviera que poner su perfil en paréntesis hasta que recibió, al hacerse pública su conmovedora historia de superación, una donación de un smartphone Motorola que lo puso nuevamente en línea. Ahora, en cuarentena, las personas compran por celular y se acercan hasta su casa a retirar los productos.

Desde que se sumó a las redes sociales y llamó la atención de los medios chilenos que le hicieron un reportaje en el programa «Aquí Somos Todos», de Canal 13, aumentaron sus ventas y seguidores, y su negocio se expandió más allá de las fronteras de El Tabo. Antes le compraban solo sus vecinos y ahora lo contactan desde diferentes lugares.

Un día en la vida de Martín

Martín se levanta temprano. Lo primero que hace es revisar el invernadero y visitar sus gallinas para sacar los huevos. Mientras algunos los deja para la venta, otros los utiliza para preparar dulces y venderlos. Más tarde llega la hora del colegio: hace las tareas pendientes y si tiene clases online se conecta. Es un alumno aplicado y tiene muy buenas notas. El resto del tiempo lo dedica a plantar, cocinar y jugar con su hermano. El joven ama la pastelería y es un gran repostero; lo que más le gusta es lo dulce y, en especial, los panqueques.. 

Martín, quien empezó intuitivamente con su emprendimiento a los ocho años, al ver cómo esas semillas de palmera que caían se podían plantar y vender, todos los veranos se para frente al portón de su casa con un carro de dulces: alfajores artesanales, bombones y helados de frutas, todo casero. Según su madre, quien en un principio se negó a que trabajara desde tan pequeño, Martín es bueno para los negocios y ama lo que hace. Al joven siempre le gustó mucho la naturaleza y desde niño cuidaba las plantas de su casa.

Hace dos meses, creó su propio invernadero al que cuida con dedicación día a día y donde además cultiva su propia comida para “alivianar”  y “ahorrar un poco”. Martín aprendió a cosechar desde acelga roja y suculentas, hasta tomate y cebolla.  “Es para beneficiarnos a nosotros también y poder comer”, cuenta en el reportaje con Canal 13.

El orgullo de mamá

Martín muestra con orgullo su emprendimiento que se encuentra a metros del mar. Y lo hace acompañado de su madre, a quien define como la persona que lo ha sacado adelante sola y que lo es “todo”, y de su hermano. Sus padres se separaron hace ocho años y hace cuatro que no sabe mucho de su papá. Es por eso que María ocupa el lugar más importante en la vida de sus hijos.

Para este joven lo más bonito es pasar tiempo con su familia, preparar pasteles y cuidar la naturaleza. Su madre se quedó sin trabajo por la pandemia y destaca las cualidades de su hijo, quien, según cuenta, está siempre preocupado por ella y su hermano. “Es emocionante saber que el hijo está creciendo y que quiere lo mejor para su familia”, dice emocionada en el informe televisivo, donde puede verse el invernadero artesanal en el que Martín trabaja con perseverancia. Y agrega: “Él le pone empeño a lo que hace”. Su huerto es el orgullo de su madre y también se ha convertido en un sustento que ayudó a los Álvarez-Collao a superar la crisis económica que se desató por la pandemia. 

Así es como este adolescente ha logrado vencer los obstáculos y su historia ha llegado a miles de personas que ahora siguen su cuenta de Instagram. En la misma, Martín comparte los productos que vende: desde alfajores y bombones caseros, hasta su variada oferta de plantas y vegetales. También da algunos tips de botánica y muestra sus cosechas del día: papas, frutillas, arvejas, habas, cilantro, apio y ruda. Este joven de 14 años no le teme a ningún desafío y monta en su invernadero hecho a medida todos los vegetales de estación. Algo que es celebrado por su creciente número de seguidores que se quedan admirados con su proyecto.